Artes Escritas

Más de cien textos llegaron tras la convocatoria. Más de un centenar de maneras de recordar los pasillos, las clases y los rostros de las y los amigos, de las y los maestros.

Encargarnos de seleccionar fue un acto luminoso, pero también incómodo. Para hacerlo con honestidad, establecimos dos criterios. El primero fue literario: evaluamos el dominio técnico, la arquitectura del texto, la hondura con que cada autor se atrevió a pensar su tema, la capacidad de sostener una voz propia. El segundo fue ético: excluimos todo texto que agrediera (por misoginia, discriminación, difamación o desprecio) la dignidad de otros. Una escuela que forma ciudadanía no puede celebrarse con palabras que la traicionen.

Sesenta textos integran esta antología. Poco más de la mitad de los que llegaron. Este umbral fue deliberado: preferimos errar hacia la inclusión que anular voces. Participaron estudiantes, docentes, directivos. Aparecen cuentos, poemas, ensayos, crónicas, piezas teatrales. Reconocemos el valor y el trabajo de todas y todos quienes participaron. En cuanto a los textos que no fueron seleccionados, esperamos que sus autores y autoras vean esta decisión como una oportunidad para mejorarlos y crecer junto con sus letras.

El lector encontrará en estas páginas versiones de un siglo acuñado en la educación secundaria, un homenaje a sus grietas y sus soles. Hallarán contradicciones, afectos, reclamos, humor y duelo. Hallará a personas pensando sobre un lugar que las marcó en piel y alma. Cien años de secundaria son también cien años de adolescencia: ese tiempo en que todo se siente demasiado y las palabras intentan traducir el asombro.

Este libro existe porque alguien se atrevió a convocar, porque alguien se atrevió a escribir y porque alguien más (usted, ahora) se atreve a leer. Que sea una lectura gozosa.