Artes Visuales

En esta conmemoración del primer centenario de la Educación Secundaria en México, las artes visuales se revelan como un archivo sensible y vibrante de nuestra historia colectiva, a través del dibujo y la potencia comunicativa del cartel. Las y los estudiantes no solo representan ideas, sino que hacen visible su derecho a interpretar el territorio, a habitar su tiempo y a dialogar con su comunidad. Como afirmaba Adolfo Best Maugard, pionero de la educación artística en el México posrevolucionario: “El dibujo no es la copia de lo exterior, sino la expresión de lo que el alma siente ante la vida”, bajo esta premisa, en las aulas de secundaria, la creatividad se ha manifestado como una observación crítica capaz de transformar la experiencia cotidiana en una imagen con sentido social.

El dibujo y el cartel son lenguajes fundamentales para el desarrollo del pensamiento visual y la conciencia simbólica, en ellos convergen la memoria de nuestros pueblos y el análisis del entorno contemporáneo. Mientras el dibujo permite la introspección y el detalle, el cartel surge como una herramienta de acción ciudadana; un puente donde el estudiantado, comunica mensajes, cuestiona realidades y propone nuevas miradas sobre su realidad, fortaleciendo aprendizajes que trascienden el papel para impactar en el tejido social.

Bajo los principios de la Nueva Escuela Mexicana —equidad, inclusión, interculturalidad crítica y desarrollo humano—, las Artes Visuales desarrollan capacidades, habilidades, valores, conocimientos y saberes que se consolidan como un espacio de democracia estética, es aquí donde todas las voces encuentran una forma, donde la diversidad se representa y se valora, y donde la creación artística se convierte en un acto de participación consciente.

Este capítulo reconoce en cada trazo no solo una obra estética, sino una experiencia educativa en la que niñas, niños y adolescentes hacen uso pleno de los sentidos, la razón, la imaginación, el pensamiento y los afectos que dignifica, integra y transforma, reafirmando que la educación artística es, a cien años de su origen, un pilar irrenunciable de una formación humanista y socialmente comprometida.