Cien Años de la Educación Secundaria en México

Bienvenida: Cien Años

Donde habita la memoria y el porvenir

Mario Delgado Carrillo

Secretario de Educación Pública


En las aulas de las escuelas secundarias de México sucede‚ cada ciclo escolar‚ un acontecimiento que ningún plan de estudios termina de abarcar: el misterio por el cual un ser humano deja de habitar su infancia. Hay una alquimia corporal‚ mental y espiritual en esos tres años‚ una transformación que ocurre entre timbres‚ pizarrones y patios mientras las y los adolescentes empiezan a preguntarse quiénes son‚ hacia dónde caminan‚ qué clase de mundo quieren habitar. Ese proceso íntimo y colectivo lleva un siglo ocurriendo en las secundarias públicas de este país. Secundaria: cien años de historias por contar es el libro que lo documenta desde adentro‚ desde las voces de quienes lo viven todos los días.

Aquí hablan estudiantes que acaban de cruzar la puerta de su escuela por primera vez‚ docentes que llevan décadas frente a grupo‚ directivos y personal de apoyo que conocen la complejidad de un sistema educativo enorme y diverso y las y los egresados que atesoran aquellos años formativos. Se expresan en letras y a través de dibujos‚ fotografías‚ canciones‚ esculturas y pinturas‚ porque la palabra escrita no alcanza para decir todo lo que la experiencia de la secundaria deposita en quienes la viven. Las y los coordinadores de esta obra eligieron un camino que honra los principios de la Nueva Escuela Mexicana: lanzaron una convocatoria pública‚ abierta a toda la comunidad educativa‚ y decidieron que el eje articulador fuera el arte‚ ese lenguaje pleno‚ ese modo de conocimiento capaz de decir lo que la prosa argumentativa no puede. La convocatoria permitió que cientos de personas participaran desde la libertad de sus propios sentipensares‚ sin guiones predeterminados‚ sin la obligación de ajustarse a una tesis previa sobre lo que la secundaria debería significar.

Lo que resultó es un mosaico extraordinario. Un estudiante escribe una fábula en la que el aula cobra vida y cuenta su historia; una adolescente reflexiona sobre el amor como parte legítima del aprendizaje; una docente reconoce que su vocación nació cuando ella misma era estudiante y otros maestros y maestras la desafiaron a pensar de otro modo‚ entre decenas de narraciones‚ poemas y testimonios asombrosos y entrañables. En las artes visuales y plásticas‚ estudiantes ofrecen esculturas que expresan su sentir adolescente‚ pinturas donde la fachada de una escuela se refleja en un charco que es espejo del tiempo‚ y fotografías que capturan los paisajes cotidianos de la vida escolar con una mirada íntima y reveladora. Hay composiciones musicales‚ ensayos‚ crónicas‚ poemas; textos de estudiantes de doce años y de jubilados con medio siglo de servicio. Toda esa pluralidad da cuenta de lo que la educación pública produce cuando funciona como espacio democrático.

Porque eso es‚ antes que cualquier otra cosa‚ la secundaria pública mexicana: un proyecto de democracia. Cuando en 1925 Moisés Sáenz impulsó la creación de un nivel educativo propio para la adolescencia‚ lo hizo desde una voluntad forjada en años de investigación y de recorrer comunidades indígenas a lo largo de un territorio inmenso‚ conociendo que un pueblo que descuida la formación de sus jóvenes se mutila a sí mismo. Lo acompañó una generación de maestras y maestros rurales‚ normalistas y pensadores que reconocían en la educación la fuerza más concreta para levantar un país que renacía. El sistema inició en 1926 con apenas cuatro planteles y poco más de tres mil estudiantes; desde entonces se fue expandiendo a la geografía nacional‚ con escuelas que responden a las lenguas‚ los territorios y la historia de quienes las habitan. Hoy‚ en el contexto de la Cuarta Transformación‚ ese proyecto histórico se profundiza: la Nueva Escuela Mexicana propone desmontar la fragmentación del conocimiento en materias aisladas‚ trabajar a partir de Campos Formativos que conectan las disciplinas con los problemas reales de las comunidades‚ y reconocen que las y los adolescentes son sujetos activos del derecho a la educación.

Este libro da testimonio de que esas aspiraciones rebasan la retórica institucional. En las voces que aquí se recogen se percibe algo que ningún documento oficial podría fabricar: la experiencia viva de quienes encuentran en la escuela secundaria un lugar donde se forja la identidad‚ donde se ensayan las primeras formas de autonomía‚ donde se descubre que el conocimiento adquiere sentido cuando se pone al servicio de la transformación de la realidad.

Leer este libro es asomarse a cien años de vida educativa desde la perspectiva de quienes la protagonizan todos los días. Este centenario nos pertenece porque tenemos de nuestro lado la fuerza de la juventud‚ su imaginación‚ su esperanza y su inteligencia: esa luz que brilla en los ojos de quienes saben que la justicia es el destino y que vale la pena poner toda la voluntad por un mundo mejor. Las y los adultos trabajamos para poner en sus manos las herramientas materiales‚ institucionales y pedagógicas con las que forjarán el futuro que merecen. Este libro lo atestigua con el ímpetu de sus propias voces. Que México disfrute este extraordinario testimonio artístico‚ humano y pedagógico donde habita la memoria y el porvenir.

Cien Años de la Educación Secundaria en México

Francisco Luciano Concheiro Bórquez

Titular de la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México


Este año celebramos el centenario de la Educación Secundaria en México y‚ en este contexto‚ es pertinente hacer una reflexión crítica sobre su historia‚ sus orígenes y su evolución a lo largo del tiempo hasta llegar al presente‚ pero también sobre las condiciones‚ procesos y retos actuales de este nivel educativo‚ así como de su proyección a futuro en el marco de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) para la formación de ciudadanas y ciudadanos libres‚ responsables y críticos‚ que contribuyan a la construcción de una sociedad y de una humanidad justa‚ inclusiva y democrática.

Los primeros cimientos de la secundaria se remontan a 1867 cuando‚ tras el triunfo de la República‚ Benito Juárez promulgó la Ley Orgánica de Instrucción Pública. Pero en aquel entonces‚ lo que hoy conocemos como secundaria quedaba diluido en los primeros años de la preparatoria. Posteriormente‚ entre 1889 y 1891‚ se celebraron los Congresos de Instrucción Pública‚ liderados por Justo Sierra‚ en los que se empezó a discutir la necesidad de un nivel intermedio entre la educación primaria y la media superior‚ aunque la idea no terminó de concretarse del todo.

Sin embargo‚ la Revolución Mexicana significó un gran giro en la educación pública en nuestro país‚ porque no fue solo un levantamiento armado‚ sino una profunda exigencia de justicia social‚ libertad y emancipación intelectual y cultural‚ frente a décadas de pobreza‚ desigualdad y sometimiento del pueblo mexicano por los poderes hegemónicos de la Iglesia y el Estado durante el Porfiriato.

Estos ideales de justicia‚ progreso y soberanía se materializaron en la Constitución de 1917 emanada de la Revolución‚ principalmente en el Artículo 3°‚ el cual estableció que la educación impartida por el Estado debería de ser laica‚ gratuita y obligatoria. Al separar la instrucción pública de cualquier doctrina religiosa‚ se buscó erradicar el fanatismo y los prejuicios dogmáticos‚ garantizando que el conocimiento científico fuera el pilar de la unidad nacional.

De ese modo‚ la educación dejó de ser un privilegio de las élites para convertirse en un derecho social diseñado para formar ciudadanas y ciudadanos críticos‚ libres y capaces de consolidar los valores democráticos del nuevo Estado mexicano. La Revolución impulsó un debate muy importante en el que se decidió pasar de la instrucción pública‚ ligada a toda una serie de planteamientos de disciplina y control‚ a una educación pública vinculada a todo un planteamiento formativo para el mundo laboral y para la vida.

En 1921 se fundó la Secretaría de Educación Pública (SEP) con José Vasconcelos a la cabeza‚ cuyo principal objetivo fueron las campañas de alfabetización masiva. Y hacia 1925‚ Moisés Sáenz‚ considerado el padre de la secundaria‚ planteó la necesidad‚ ya recuperada la economía después de la Revolución‚ de volver a formar personas entre 12 y 15 años para atender al mundo laboral y‚ sobre todo‚ darle oportunidad a los jóvenes campesinos‚ campesinas‚ obreros‚ obreras‚ trabajadoras y trabajadores en general‚ para que pudieran estudiar en una escuela.

Mientras la primaria alfabetizaba y el bachillerato preparaba a quienes pudieran acceder a estudios superiores para la universidad‚ existía un vacío educativo para la población adolescente. Bajo el impulso de Moisés Sáenz‚ se comprendió que la juventud mexicana necesitaba una formación técnica‚ humanista y social que no aislara a los jóvenes de su realidad‚ sino que los integrara a ella.

Así‚ en 1925 Plutarco Elías Calles promulgó el decreto mediante el cual se otorgó a la SEP la facultad para crear y administrar escuelas secundarias públicas y gratuitas‚ entrando en vigor en 1926 y dándole una identidad propia a este nivel educativo como una etapa de formación académica‚ psicológica y social‚ primero para los adolescentes hombres‚ luego para las mujeres y más tarde de forma mixta; con un enfoque más práctico y social‚ diseñado para que más jóvenes que no podían acceder a una carrera universitaria pudieran seguir estudiando.

Otro hecho histórico‚ también relevante‚ fue la creación del sistema de Telesecundarias en 1968‚ por Álvaro Gálvez y Fuentes‚ para llevar educación a las zonas rurales y de difícil acceso mediante transmisiones televisivas‚ convirtiéndose en un hito en la democratización educativa del país.

No fue sino hasta 1993 cuando se reformó el Artículo 3° para hacer obligatoria la educación secundaria. Y en 2011 se consolidó la Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB)‚ que introdujo el enfoque por competencias y estándares curriculares de los gobiernos neoliberales. Además‚ se concretó la reforma educativa de Peña Nieto de 2013‚ que no fue un cambio pedagógico‚ sino una reforma laboral de evaluación punitiva contra el magisterio‚ que tenía como trasfondo la privatización y mercantilización del derecho a la educación.

Hoy‚ gracias al movimiento de la Cuarta Transformación‚ iniciado por Andrés Manuel López Obrador en 2018 y continuado desde 2024 por nuestra presidenta‚ la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo‚ la educación en México en general‚ y la educación secundaria en particular‚ atraviesan uno de sus cambios más profundos.

La reforma al Artículo 3° en 2019 eliminó la visión punitiva de la evaluación docente y el sistema de competencias neoliberales que reafirmaban la desigualdad estructural de la sociedad‚ para sentar las bases de la Nueva Escuela Mexicana como un espacio crucial para la formación de seres humanos íntegros‚ responsables y éticos‚ que contribuyan a la construcción de una mejor sociedad.

Con esa reforma‚ la educación pasó de ser un derecho social a ser un derecho humano que le da entrada al conjunto de los otros derechos‚ tanto sociales como humanos‚ que contiene nuestra Constitución. Además‚ el otro gran giro en el Artículo 3° es que transformó a las niñas‚ niños‚ jóvenes‚ adolescentes‚ estudiantes en general‚ pero también a las maestras‚ maestros y a la sociedad en su conjunto‚ en sujetos activos del derecho y no en objetos pasivos del mismo.

En ese sentido‚ son sujetas y sujetos del derecho desde su hacer y‚ por tanto‚ responsables de su propia educación y de la transformación‚ no solamente educativa‚ sino una transformación nacional que apuesta por el poder transformador de la educación. El corazón de la transformación es la educación humanista entendida en un sentido mucho más amplio.

Es decir‚ una educación que nos involucra con el mundo de una manera radicalmente distinta‚ porque existe una interacción muy importante en el acto mismo de educar. En ese educar‚ existe la posibilidad de formarse y transformarse uno mismo‚ la posibilidad de tener otra relación con el educador‚ con uno mismo y con la comunidad‚ desde una perspectiva verdaderamente inclusiva de reconocimiento y de diálogo‚ que representa un profundo cambio de paradigma pedagógico y epistémico.

La proyección general de la educación es que tiene que ser una educación para la vida y no nada más en términos escolares‚ sino comprender y abarcar desde lo más fundamental‚ que es desde la educación inicial hasta la educación para todas las etapas de la vida que nos permita‚ precisamente‚ transformar nuestra realidad. Por eso‚ la NEM es donde podemos y desde donde podemos construir la posibilidad de una cohesión social‚ sobre las bases de una verdadera revolución de corte cultural.

El punto clave fue pasar de una Constitución que recoge el hacer por encima del deber ser; pasar del derecho positivo romano a la construcción de un sentido del derecho en su ejercicio efectivo por sujetos definidos por la propia Constitución y las leyes derivadas. Ese cambio fundamental en los Artículos 2° y 3° es lo que trajo consigo esta gigantesca transformación.

La NEM vino a transformar el conjunto de la educación al contextualizarla‚ al plantearnos a través de investigaciones y de problemas‚ la construcción de los procesos de enseñanza y de aprendizaje. En ese sentido‚ la estructuración tanto laboral como el disciplinamiento que se ejerce en las secundarias venía a colocarse como un problema para la NEM‚ que planteaba esta cuestión: ¿Cómo superar la forma en la que viene fragmentada la educación en materias‚ integrándola de una manera tal que permita la participación de los estudiantes desde sus saberes y desde sus prácticas?

Este problema ha sido resuelto en la práctica por las propias maestras y maestros‚ quienes han convertido al aula y a la comunidad escolar en su punto de referencia‚ recuperando la posibilidad de estructurar el conjunto de la educación a partir de un problema significativo. Enfocándose en situaciones y problemas reales‚ logran articular el plan de estudios en forma coherente y permiten que las y los estudiantes participen desde su propia experiencia‚ superando así la división del conocimiento y transformando el entorno escolar y comunitario en un espacio de investigación.
Eso nos llevó a algo que es fundamental en secundaria‚ que es la investigación de problemas de la realidad‚ para transformar esa realidad.

Actualmente‚ la Ciudad de México cuenta con 911 secundarias públicas‚ que constituyen el 65% del total de escuelas secundarias‚ frente al 35% que corresponde a las 492 secundarias particulares‚ para un total de mil 403 escuelas. También contamos con un número importante de 23 mil 492 docentes y 16 mil 503 trabajadoras y trabajadores de apoyo a la educación que día a día sostienen la educación secundaria pública en esta gran metrópoli.

En cuanto al número de estudiantes‚ se atiende un universo de 392 mil 912 estudiantes‚ de los cuales el 49.5% son mujeres y el 50.5% son hombres. El 84% de la matrícula corresponde a las secundarias de sostenimiento público‚ frente al 16% correspondiente a las privadas. Sin embargo‚ detrás de estos números‚ hay adolescentes y jóvenes cuyas vidas transcurren buena parte del tiempo en estos espacios educativos.
El sistema de educación secundaria ofrece tres modalidades principales (generales‚ técnicas y telesecundarias)‚ además de centros de educación extraescolar‚ secundarias para trabajadores y secundarias a distancia para adultos. Esta diversidad estructural es un patrimonio histórico que la NEM reconoce y debe fortalecer.

La existencia de secundarias de niñas‚ secundarias para personas con discapacidad‚ para personas invidentes‚ centros para estudiantes de altas capacidades y turnos para trabajadores‚ muestra que históricamente el sistema ha creado espacios diferenciados. La pregunta que la NEM debe responder es si estos espacios expresan hoy una verdadera inclusión‚ o reproducen lógicas de segregación que requieren una revisión crítica.
Hoy‚ lo que vamos enfrentando es una gran resistencia de la cultura autoritaria y adultocéntrica‚ que no le da a las niñas‚ niños y jóvenes el papel que deben de tener al no reconocer sus derechos‚ sus conocimientos y sus experiencias previas. Y es ahí donde está‚ precisamente‚ el punto de esta maravillosa ruptura epistemológica‚ de toda la teoría del conocimiento y de cómo hoy estamos avanzando en colocar en el centro de la educación a las y los estudiantes‚ sobre todo en la adolescencia que constituye un periodo crítico‚ clave del crecimiento y de la propia transformación personal.

También enfrentamos otros problemas‚ como la necesidad urgente de una estrategia general de dignificación del magisterio que permita superar los temas laborales pendientes‚ como la contratación de las maestras y maestros para que puedan estar de tiempo completo en las escuelas y tener las plantillas docentes completas‚ así como redefinir el papel de las personas adultas en la educación‚ pasando de una autoridad basada en el control y la disciplina‚ a una autoridad pedagógica y ética basada en el cuidado‚ la escucha y la corresponsabilidad.

La estructura ocupacional de las secundarias revela su complejidad: directivos‚ docentes de asignaturas académicas y tecnológicas‚ promotores TIC‚ promotores de lectura‚ prefectos‚ psicólogos‚ trabajadores sociales‚ médicos escolares‚ bibliotecarios‚ intendentes. Reducir la educación a lo que ocurre en el aula‚ mutila la experiencia escolar. La escuela es un ecosistema en el que cada persona cumple una función necesaria‚ una red viva que transforma a través de la cooperación.

También tenemos enfrente el reto de llevar a cabo la revisión curricular para evitar la fragmentación del conocimiento en materias‚ así como una reorganización que responda a la construcción de una comunidad educativa con estudiantes y docentes provenientes de diversas realidades sociales.

Los campos tecnológicos de la educación secundaria abarcan el trabajo con especies vivas‚ la transformación de materia prima en alimentos‚ el diseño de bienes y estructuras‚ la creación de sistemas para el bienestar humano‚ así como la gestión de información y servicios. Esta amplitud de saberes conecta la formación de los adolescentes con múltiples dimensiones del mundo productivo y desmiente la falsa oposición entre formación académica y la formación para el trabajo. Tenemos pendiente la tarea de vincular de manera efectiva los diferentes niveles educativos para diluir los abismos existentes entre la educación primaria‚ secundaria y preparatoria‚ así como fortalecer las trayectorias educativas completas desde educación preescolar hasta superior. Otro de los grandes desafíos en educación secundaria es navegar esta era marcada por el desarrollo de la inteligencia artificial‚ sin perder la esencia de lo humano. Enseñar a las y los jóvenes un uso ético y responsable de los dispositivos tecnológicos asegura que la tecnología sea una herramienta de liberación y de acceso al conocimiento para el ser humano‚ y no un nuevo mecanismo de exclusión y enajenación. Por eso‚ el Humanismo es central.

En esa perspectiva‚ llegar a estos puntos claves en educación secundaria convierte la tarea de educar en una tarea ética-política‚ en la que el respeto y la escucha es fundamental. Deconstruir y desterrar el autoritarismo‚ el adultocentrismo‚ el verticalismo y la subordinación (tanto escolar como educativa)‚ es la condición de posibilidad para cualquier cambio real.

Tenemos un campo de acción sumamente importante en todo ello; la estructuración de la secundaria‚ sus condiciones laborales y su forma organizativa son complejas y requieren revisiones urgentes. Pero hemos logrado‚ a pesar de los pesares‚ articular grupos de trabajos que reúnen al conjunto de las profesoras y profesores‚ que no son normalistas‚ hay que decirlo‚ pero que discuten cuáles son los grandes problemas de la ciudad‚ y en particular del barrio y de la escuela‚ y a partir de ello‚ discuten entre sí cómo van a ir introduciendo sus disciplinas alrededor de definir elementos básicos con los cuáles trabajar‚ en esta etapa en la que la identidad del adolescente está en plena ebullición y en la cual la educación no puede limitarse a la mera acumulación de datos‚ sino que debe ser el motor de toda una conciencia social.

Así pues‚ la gran relevancia de la secundaria radica en su capacidad de transformar a las y los jóvenes estudiantes en ciudadanas y ciudadanos responsables. Es el eslabón crítico de la educación básica‚ el momento en que el desarrollo del pensamiento abstracto permite entender los problemas complejos como la desigualdad social‚ el cambio climático‚ la democracia‚ la justicia o la falta de ella.

La NEM potencia el pensamiento crítico al romper con las materias aisladas y proponer los llamados Campos Formativos (como “Ética‚ Naturaleza y Sociedades”‚ por mencionar alguno)‚ que guían al estudiante‚ desde una perspectiva integral y multidisciplinaria‚ para no estudiar de manera aislada la historia‚ por ejemplo‚ como una materia que trata sobre los hechos pasados‚ sino a comprender cómo su contexto actual es producto de las luchas sociales del pasado‚ fomentando un pensamiento crítico del devenir histórico y del presente para construir y transformar su propio futuro a partir de proyectos educativos y comunitarios‚ que vinculen los aprendizajes directamente con la vida de las niñas y niños.

La apuesta por la libertad y la responsabilidad en la NEM se aleja del aprendizaje memorístico para centrarse en la comunidad‚ en lo significativo. Y es fundamental el planteamiento de que el bienestar individual no existe sin el colectivo. Por eso al vincular la escuela y la comunidad formamos ciudadanas y ciudadanos responsables‚ con un profundo sentido ético.

Este enfoque humanista de la NEM‚ fundamentado en el Humanismo Mexicano‚ busca que la educación secundaria sea la base de una democracia participativa en la que todas y todos sepan dialogar‚ respetar la diversidad y reconocerse como parte de una humanidad compartida. La secundaria es el laboratorio donde se ensaya la tolerancia‚ el respeto y la equidad‚ asegurando que las futuras generaciones no solo habiten el país y el mundo‚ sino que lo construyan con justicia y dignidad.

Estamos instituyendo la participación como una práctica cotidiana‚ no como un elemento a evaluar‚ sino como una cultura escolar que se produce a sí misma mediante asambleas de aula y de escuela‚ la construcción colectiva de acuerdos‚ la elección en conjunto de proyectos comunitarios y la creación de espacios de deliberación real. Escuchar de manera efectiva es un acto político que transforma las relaciones sociales. Y‚ en ese sentido‚ escuchar y dar voz a nuestras niñas‚ niños y jóvenes‚ así como a las maestras y maestros‚ es esencial.

Por eso‚ a un siglo de su fundación‚ la secundaria mexicana no envejece‚ sino que se renueva. Podemos decir con seguridad que cien años no son solo una acumulación de ciclos escolares; son el eco de millones de voces adolescentes y jóvenes que han encontrado en las aulas de las escuelas secundarias el puente entre la infancia y la ciudadanía‚ porque la formación integral en secundaria combina conocimientos académicos sólidos‚ habilidades y destrezas técnicas‚ con una formación ética y responsable. Estas dimensiones se entrelazan en cada experiencia educativa.

A nombre de la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México y de nuestro Secretario de Educación Pública‚ Mario Delgado Carrillo‚ refrendamos nuestro compromiso de seguir trabajando en generar las condiciones óptimas para el pleno ejercicio del derecho a la educación de nuestras niñas‚ niños y jóvenes; reducir la brecha digital‚ atender la salud mental y emocional de las y los estudiantes‚ así como la necesidad urgente de mejorar la infraestructura física educativa para tener espacios dignos para la enseñanza y el aprendizaje.

Celebrar el centenario de la educación secundaria en México es rendir homenaje a todas y todos aquellos quienes han hecho realidad uno de los proyectos más ambiciosos y humanistas del Estado mexicano. Es reconocer que la educación no es un destino‚ sino un tránsito‚ y que en ese trayecto de tres años se define‚ en gran medida‚ el destino de millones de vidas y de nuestra nación.

No podemos hablar de este centenario sin mencionar los recintos escolares históricos que fueron‚ y siguen siendo la vanguardia para realizar este gran sueño‚ cuyos muros han sido testigos de la historia de la capital y del país: la Secundaria no. 1 “Cesar A. Ruiz”‚ la Secundaria no. 2 “Ana María Berlanga”‚ la Secundaria no. 3 “Niños Héroes de Chapultepec”‚ y la Secundaria no. 4 “Moisés Sáenz”. ¡Muchas felicidades a nuestras cuatro secundarias!

Agradezco profundamente y de todo corazón a las maestras y maestros‚ cuyo compromiso y esfuerzo son el motor que transforma las conciencias; a las y los estudiantes‚ que son el principal motivo de ser de este increíble esfuerzo educativo; y a todo el personal directivo‚ administrativo y de apoyo a la educación que mantiene vivos estos templos imperecederos del saber. A todas y todos muchísimas‚ muchísimas gracias. Ustedes son el corazón de estos 100 años.

Cronología de la Educación Secundaria en México

Cronologia Educacion Secundaria

Referencias Bibliográficas

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Zorrilla‚ M.‚ y Bonifaz‚ A. (2002). La educación secundaria en México: al filo de su reforma. Secretaría de Educación Pública."

¡Nuestra secundaria tiene cien años!

Angélica Noemí Juárez Pérez

Subsecretaría de Educación Básica Secretaría de Educación Pública


Cuando tenemos entre 11 y 12 años, aunque se puede ser mayor, dejamos el que fue nuestro refugio de infancia por seis años y atravesamos una puerta de lo que será nuestro hogar los siguientes tres años. Esa puerta siempre nos pone delante de un patio grande, donde todos los lunes rendimos honor a nuestra historia, y tenemos también el edificio que nos da cobijo durante el paso de nuestra adolescencia temprana.

Entre esas paredes hacemos nuestra historia y forjamos nuestra identidad. Cuando iniciamos el ciclo escolar llegamos con las últimas lluvias del verano y las rezagadas del otoño. Poco a poco, el clima nos enseña a vivir en ciclos y nos acostumbramos al descenso de la temperatura en noviembre, y al intenso sol de primavera. Ahí bailamos para nuestras madres y padres; nos casamos en la kermés con nuestro primer amor y hacemos amistades que nos acompañarán para toda la vida.

En muchas de nuestras colonias, barrios y pueblos, la escuela secundaria es un punto de reunión, un símbolo de referencia y un espacio en donde tejemos comunidad. Cada estudiante que ha transitado por esa puerta vive sus propias experiencias, junto a las historias compartidas que nos conectan: el primer día de angustia y miedo ante lo desconocido, las risas en el patio, los nervios antes de un examen, las charlas en los recesos que parecen efímeras y algunas clases que se sienten eternas.

Aunque no lo creas, millones de mexicanas y mexicanos compartimos estas experiencias en las que las secundarias han sido una parte fundamental de nuestra vida. ¿Sabías que iniciaron hace 100 años? Te contaré un poco de esto.

En 1926 gobernaba Plutarco Elías Calles, la Secretaría de Educación Pública tenía cinco años de vida y México tenía poco de haber terminado la etapa armada de un proceso político y social muy amplio y profundo, la Revolución Mexicana. En esos años posteriores a la guerra se tenía un objetivo claro en mente: la justicia social. El pueblo había vivido por siglos en una situación de explotación y marginalidad tremendas. De hecho, la mayoría de la población no sabía leer ni escribir, y solo muy pocas personas estudiaban algo más que la primaria.

Todo mundo era consciente de que sería muy difícil remediar una situación tan compleja, pero aun así impulsaron uno de los proyectos más importantes para el bienestar de las y los jóvenes del país: la educación pública y gratuita. Esta era una acción revolucionaria por dos motivos: uno, porque buscaba la justicia social al procurar que las poblaciones marginadas tuvieran acceso a una educación de calidad totalmente gratuita, a cargo del Estado. Dos, porque, hasta esos años, las juventudes no habían sido consideradas como un grupo de la sociedad con sus propias necesidades. De hecho, se pensaba que de la niñez se pasaba directo a la adultez, por lo que crear un nivel educativo nuevo era una forma también de crear una educación que estuviera en la transición de esos dos momentos de la vida.

Aunque no se tenía mucho dinero para impulsar un proyecto educativo de largo aliento, se dieron los primeros pasos para hacerlo. La escuela secundaria ya existía en la Ciudad de México pero dependía de la Escuela Nacional Preparatoria, por lo que atendía a muy pocos estudiantes; además, la secundaria y el bachillerato eran parte de un mismo sistema educativo que buscaba crear profesionistas. Esto hacía que la educación fuera un privilegio antes que un derecho social, pues muy pocas personas tenían dinero para sostener los estudios de sus hijos por tantos años.

Así, el 21 de febrero de 1926 la nueva Dirección de Educación Secundaria inició sus labores con cuatro secundarias y dos ciclos nocturnos (estos últimos, destinados a adultos que en el día trabajaban). La secundaria 1 se encontraba en el edificio de San Pedro y San Pablo, pero en 1928 se trasladó a la calle de Regina 111, en donde reside actualmente. La secundaria 2 fue destinada al edificio de la Escuela Nacional de Maestros, en San Jacinto Tacuba, pero en 1930 se separó formalmente de ella. La secundaria 3 se instaló en la calle Marsella 33 y, finalmente, la Secundaria 4 se fijó en la calle de Arquitectos 130, pero al año siguiente se trasladó al antiguo edificio de Mascarones.

Si te das cuenta, todas estas nuevas escuelas se encontraban en el Centro de la Ciudad de México y sus alrededores. Esto se debe a que, como la ciudad era muchísimo más pequeña de lo que es en la actualidad, realmente estaban concentradas en zonas claves para que asistieran personas provenientes del centro y las periferias.

Aquellas cuatro escuelas fueron el inicio de una historia que pronto se expandiría. La población en la Ciudad creció, y en los estados de toda la República se demandaba también la existencia de escuelas secundarias. Poco a poco esta noble institución comenzó a crecer, pero ya no solo en antiguos y hermosos edificios rehabilitados, sino que comenzaron a construirse muchos espacios nuevos.

¿Han notado que muchas de las escuelas secundarias se parecen? No es coincidencia. Esto se debe a una propuesta proveniente de la corriente arquitectónica: el funcionalismo, que consiste en construir edificios de manera barata pero completamente eficiente para sus necesidades. Si bien en su momento estas estructuras fueron novedosas, es cierto que las escuelas han requerido adaptaciones para cumplir con su función de atender las distintas necesidades de la comunidad estudiantil y del contexto frente al cual se busca dotar de herramientas a las y los estudiantes.

Poco a poco, la escuela secundaria creció en todo el país. Y con ella, miles de historias se gestaron como una semilla que hasta el día de hoy sigue germinando y marcando muchas vidas. Y si no me crees, pregúntales a tus autoridades educativas, familiares y vecinos, ¿qué experiencia de la escuela secundaria los marcó para siempre?

Muchas y muchos de quienes estudiamos y reímos en sus pasillos encontramos en esos años una inspiración para la vida. Muchos profesores nos marcaron y nos dieron las herramientas para abrirnos paso en el camino que quisimos tomar.

Estudiar, o haber estudiado en una escuela secundaria pública nos hace parte de una historia que inició hace 100 años buscando justicia social. Nos hace formar parte de un proceso en el que seguimos poniendo nuestro granito de arena para lograrlo. Porque la escuela secundaria, más que un nivel educativo, es un momento de nuestra vida y un lugar en el que buscamos siempre seguir transformando a México.

Cien años de historias por contar, apreciar y compartir

Ernesto Scheinvar Gottdiener

Coordinador Sectorial de Educación Secundaria


Llegar al centenario de la creación de las escuelas secundarias en México es un momento histórico y trascendente para reconocer de dónde venimos, dónde estamos, y hacia dónde está nuestro futuro.

Hace cien años se tomó la determinación de generar un espacio educativo para la primera juventud en el que, además de los conocimientos escolares, se pudiera vincular y formar hacia el ámbito laboral, con referentes culturales generales y bajo la diversidad de disciplinas en un mundo que aún contaba con baja escolaridad y en el que el derecho a la educación popular estaba en pleno crecimiento y configuración. En su transitar como nivel educativo, las secundarias se fueron diversificando tanto en sus modalidades (generales, técnicas, nocturnas, telesecundarias) como en su oferta (turnos matutinos, vespertinos, jornada ampliada) dando formación a millones de estudiantes y marcando de manera muy particular este periodo de vida que durante tres años define profundamente la identidad, personalidad y los fundamentos ciudadanos para el desarrollo de la vida adulta.

Llegar al primer centenario deja sobre la mesa mucho qué decir, compartir y contar, razón de sobra para pensar tener un libro conmemorativo que dé cuenta de su condición, historia e importancia. Sin embargo, definir el sentido de un libro con dicha finalidad es complejo. Muchas dudas y retos surgen como, por ejemplo, ¿cuál debe ser su contenido?, ¿quién debe participar en su elaboración y bajo qué enfoque(s)?

Desde una perspectiva tradicional, habría que convocar a especialistas, estudiosos y figuras públicas que nos compartan su análisis y posiciones alrededor de la historia, presente y futuro de la educación secundaria. Sería un libro sin lugar a duda interesante, pero ello dejaría fuera las voces de los sujetos mismos del nivel y finalmente, ¿de quién es la fiesta? ¿Acaso no le pertenece a la comunidad que conforma al nivel educativo?

Si entonces partimos de una participación desde nuestra comunidad, ¿cuál debería ser el eje rector del documento? Si fijáramos temáticas o categorías rígidas, estaríamos dirigiendo y preconcibiendo el qué se expresa y el cómo, dando pie a que se pudiera cohibir la participación; sin embargo, tampoco podía quedar tan a la deriva, de modo que no guardara una mínima coherencia interna como documento conmemorativo.

Bajo estas disyuntivas, y siguiendo los propios principios de una Nueva Escuela Mexicana, optamos por dos definiciones fundamentales que enmarcan y dan sentido a este libro conmemorativo. Por un lado, que la participación debería darse a partir de una convocatoria pública, dirigida a todas las posibles figuras que conforman la comunidad de la educación secundaria (estudiantes, egresados, docentes, autoridades, administrativos, funcionarios, directivos, jubilados). La otra decisión era que, en lugar de restringir, lo imperante había que permitir la libertad temática, por lo que requeríamos abrir las posibilidades de expresión para que toda la comunidad pudiera manifestarse con múltiples significados, sentires, pensares, vivencias y compartencias que se tuvieran alrededor de la experiencia en ese nivel educativo. Por ello, se optó por uno de los ejes transversales de la NEM, sumamente profundo y que, por sus características propias, como lenguaje que también es, abre muchas posibilidades para la expresividad humana: las artes.

Así, la convocatoria abarcó las diferentes expresiones artísticas que pudieran quedar plasmadas en un libro (artes escritas, plásticas, visuales o música) para que, por esa vía, y quien así lo decidiera, nos compartiera lo que quisiera, siempre y cuando les significara o vinculara con la educación secundaria en el marco del presente centenario.

Resultado de la convocatoria llegaron cientos de trabajos de todas las figuras de nuestra comunidad y de todos los tipos de artes. El proceso de selección, con el invaluable apoyo voluntario de comisiones dictaminadoras, eligió el conjunto de trabajos que hoy conforman esta publicación conmemorativa, aclarando que los pocos trabajos que no alcanzaron a entrar no se debió a que fueran malos, sino que algunos requerían un mayor trabajo y mejora y otros eran de autores que mandaron más de un trabajo y para poder dar cabida a la mayor diversidad sólo se escogió uno por autor.

Entonces, en este libro encontraremos, por ejemplo, con la fotografía, el mirar de estudiantes que nos muestran sus espacios cotidianos, paisajes significativos o perspectivas muy sentidas de cómo se vislumbran como estudiantes; también tenemos expresiones plásticas en las que podemos observar imágenes claramente vinculadas con la educación como pueden ser los árboles o los lápices, que aunque se reiteran, ninguno de éstos se expresa igual, mostrando cómo a través del manejo de formas y colores se expresan sentimientos, ideas, perspectivas, retos y situaciones alrededor de la diversidad, la amistad y lo formativo entre otras tantas ideas y sentimientos.

En el ámbito de lo escrito, que fue una de las expresiones que contó con mayor cantidad de trabajos, igualmente podemos ver una gran diversidad. Encontramos desde perspectivas que nos comparten autoridades educativas con respecto a la posición política, historia y sentido del centenario en la educación secundaria pero también pasamos por lo que, por ejemplo, nos compartió un estudiante, David Alexander Luna, quien en su fábula, en la que un salón cobra vida para hablarnos del papel de los sueños y el esfuerzo que no pasan de moda en estos cien años de existencia, dando cuenta de que ella (el aula) forma parte de algo mucho más grande que ella misma siendo una historia viva que se sigue escribiendo. O el texto de Frida Yaretzi, quien plantea la perspectiva de que el amor también es parte de los aprendizajes escolares, pues además de exámenes y eventos, se forman lazos, florecen emociones y las secundarias se vuelven eternas con las pequeñas historias de amor y amistad haciendo que el aprendizaje no solo se dé con la cabeza sino también con y desde el corazón.

En este libro también encontramos en varios trabajos un reconocimiento a la labor docente, como el de Daniela Alexa, quien nos comparte que jamás imaginó que sus maestros le marcarían la vida de manera tan profunda gracias al apoyo académico y emocional, con el que además de disciplinas le dan confianza, la empujan a no desistir y la motivan para aprender de sus errores.

En voz de los propios docentes y autoridades podemos disfrutar de diferentes crónicas de vida profesional, donde el hilo conductor es el gran compromiso y placer que se tiene en esta vocación, a pesar de las dificultades de todo tipo, en tanto saben que, como dice la docente Giusell Odali, es emocionante saber que desde su aula apoya en el desarrollo personal y social de los estudiantes, así como en su manera de ver el mundo e inspirarlos a descubrir lo que les apasiona, reconociendo que eso lo aprendió de los docentes que ella tuvo cuando fue estudiante de secundaria. De igual forma, el profesor Mario Villamil reconoce que desde que él se incorporó al sistema ha identificado que las escuelas son el lugar transformador donde estudiantes y maestros, en conjunto, construyen nuevos mundos a partir del aprendizaje, la creación y la liberación de las mentes.

En esta complejidad de análisis y visiones de lo educativo llama la atención cómo las y los jóvenes, con gran claridad, pueden colocar cuestiones tan relevantes como las que Alejandra Michaela señala, cuando nos comparte que aunque la educación secundaria comenzó a construirse como una promesa de aulas y planes de estudio hace 100 años, realmente era el inicio de una idea poderosa: el espacio para que la juventud creciera, aprendiera y descubriera su lugar en el mundo. Pero estos procesos, como bien reconoce en su participación el estudiante Leonardo Sebastian, también se dan en lo social, en la hora libre, en los trabajos en equipo, los proyectos y en las discusiones entre amigos, ya que en estos otros espacios también se aprende a escuchar, a respetar, a valorar las diferencias, entendiendo que el conocimiento no sirve de nada si no se comparte.

El principio transformador de la educación, entonces, requiere de reconocer los cambios que han existido y que faltan por hacer, como bien lo narra en su cuento la estudiante Magaly, donde frente al aburrimiento de un inspector que prohíbe reír, aprender con humor o tener ideas nuevas, los estudiantes responden al unísono “Prohibido prohibir” y reconocen que las actuales generaciones, lejos de ser perfectas, son generaciones que siguen aprendiendo, soñando y cambiando las cosas, y que si algo han aprendido de estos 100 años es que también las risas, los errores y la perseverancia es parte de la educación y por ello, concluye, la secundaria no solo enseña materias, enseña historias y cada generación escribe la suya. En este sentido, como bien señala el texto del egresado Julio Ruiz Castañeda, la secundaria es el territorio de lo posible, ya que es un territorio simbólico donde se fragua la identidad, se ensayan los sueños y se tropieza con los propios límites en este puente que nos lleva a todos de la niñez a horizontes más amplios, inaugurando preguntas, amistades, temores, certezas y posibilidades; es donde aprendemos a ser colectivo.

Estas referencias e ideas son sólo una breve muestra de todo lo que este libro nos enseña y comparte. En él encontraran muchas más historias, ideas e imágenes. Cada una de las participaciones de la comunidad con sus voces, palabras, dibujos, músicas y producciones artísticas nos señalan los profundos sentimientos que acompañan la experiencia de la educación secundaria en la que, sin importar si son actualmente estudiantes, egresados o docentes con más de 40 o 50 años de servicio, supervisores o directivos, todas y todos, cuando se refieren a la educación secundaria, la ven con una feliz añoranza, como un momento único y maravilloso de la vida al que se le tiene, a pesar de los dolores y penares, un amor infinito y se le reconoce como un periodo de la vida en el que los aprendizajes que obtenemos no sólo son inéditos, sino que también son de una intensidad tal, que se vuelven marcantes y memorables ya que lo que se aprende es para la vida.

Que este libro conmemorativo nos motive a seguir pensando, sintiendo y transformando nuestra educación secundaria para conseguir la libertad, la conciencia y la transformación que tanto requiere la sociedad de hoy.